martes, 21 de febrero de 2017

Manifiesto - honesto

Desde muy chica me obsesiono el mundo de las dietas, y es que en una sociedad en donde nos venden que el cuerpo perfecto mide 1.70 metros y pesa 50 kgr. no es difícil confundir a los adolescentes y más aún si tienen tendencias a engordar, como es mi caso. 

En aquel entonces, con quince años, me inscribí al gimnasio e iba a diario; averigüe todas las dietas habidas y por haber, intenté probarlas casi todas, y claro, si funcionaban. Mi constancia hacia que vea los resultados, pero sin querer o sin darme cuenta, empecé a hacerme daño. Me enferme de anemia, problemas de concentración, irritabilidad (y es que pasártela de hambre no es divertido). El mal no solo se manifestó física sino también psicológicamente, pero con mucha voluntad y cariño me sané. 

Hace un par de años, por distintos motivos decidí nuevamente preocuparme por mi imagen, pero esta vez lo haría con ayuda profesional. Contacté a una nutricionista que fue todo un ángel, me inscribí nuevamente en el gimnasio, y de esta forma, bastante disciplinada estuve a tres kilos de mi peso ideal. Yo feliz. 

Hace poco regrese de un viaje hermoso, que no solo me lleno el alma y corazón, sino también la pancita, quiero decir, subí mucho de peso. Podría asegurar que nunca estuve tan 'gordita' como a mi regreso y esto me preocupo sobremanera. Mi ropa no me quedaba, me agitaba rápido al hacer alguna actividad, y no me sentía para nada saludable. Lo de la ropa lo solucione rapidísimo, y es que hoy ya mi cambio no es por vanidad. Es por tener calidad de vida. 

Y entonces pensé: "Si yo digo amar, respetar y cuidar de mi 'yo' interior ¿Por qué debo dejar de lado mi 'yo' exterior?" Así que otra vez volví a averiguar sobre mejores opciones alimenticias, una vez más la rutina de ejercicios (que nunca falla), hábitos de vida saludables que puedan ayudar a hacerme sentir bien. Es aquí donde encuentro el documental anteriormente mencionado y así me intereso por lo vegetariano.

Una cosa que considero sumamente importante ahora que me he planteado el sumergirme en este mundo, es visitar a la nutricionista para disipar algunas dudas. Es decir, puedo 'googlear' y averiguar las cosas por internet pero me sentiría mucho más satisfecha si estas dudas me las clara un profesional. 

Mientras tanto he empezado a hacer algunos cambios en mi rutina alimenticia: 
- Comer a un horario determinado todos los días.
- Tomar en ayunas un licuado verde rico en fibra.
- Aumentar el porcentaje de vegetales en mi plato a un 60%.
- Consumir mínimo dos litros de agua por día, hasta antes de las seis de la tarde, luego disminuir la cantidad a menos que haga alguna actividad física (esto evita la retención de líquidos)
- Disminuir el consumo de carne por porción a un 20% y cereal o carbohidratos al 20%
- Incluir una rutina de ejercicios de mínimo 5 horas a la semana.
- Aprender a identificar los ingredientes a base de carne que contengan los productos envasados. 

Por el momento voy avanzando con esto. Recién voy un par de días y honestamente no es sencillo, incluso hoy, como jugando se me antojo un pedazo de bife a la plancha. Por suerte, escribir acá me distrajo y así como vino, se fue el antojo. Debo encontrar una forma de suplir este instinto por consumir carne o reemplazarlo de forma ingeniosa hasta que mi mente y cuerpo se adapten a este cambio.



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